Fondo pictórico

La colección permanente

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El toro ibérico

Nº de inventario: 094


Tema: Alegoría
Técnica: Pintura sobre tela
Fecha: 1945
Medidas: 249,5 X 330,5 cm

DESCRIPCIÓN

Pintura mural alegórica del Alzamiento Nacional del 18 de Julio de 1936. Sobre un promontorio rocoso culminado por torreones de piedra ruinoso, testigos mudos de una historia gloriosa –la Historia de la España invicta-, se despereza el toro ibérico, alargando su cuerpo en un osado escorzo, perfilando en lo alto su testuz con arrogancia. Se condensan en él los valores amenazados de la Patria (la bravura, la reciedumbre). El toro dirige la mirada a la derecha, donde tras el río, en la ribera contraria, se aprestan a luchar las fuerzas republicanas, amparándose en sus baterías, emplazadas estratégicamente. El toro ibérico está acompañado de los soldados del bando nacional. En primer término, en gradiente de altura, se sitúan los requetés –hombres fornidos y viriles- vestidos con capotes militares, que vuelven sus cabezas hacia el toro mostrando los perfiles de sus juveniles  rostros. Continúan por la derecha varios soldados falangistas, los cuales dirigen al enemigo su saludo marcial. Tras el toro, igualmente en gradiente de tamaño y altura, se han situado tres soldados del ejército regular africano (moros), vestidos con chilabas: dirigen al enemigo sus fusiles. Y en la parte superior de las rocas varios soldados del ejército español, el primero de ellos de pie recortando su silueta en un cielo verde amarillento épico, exhorta con su voz a los combatientes. Varios jinetes a lo lejos completan el cuadro de este bando. A lo lejos, bajo un cielo de amplia perspectiva con luz de amanecer –el amanecer de España- un puente cruza el río. El cuadro ofrece el punto de vista desde el bando nacional, exaltando sus valores e identifica éstos con los que han sido consustanciales a España. Desde la óptica plástica, la composición se orienta a la exaltación de estas ideas, en una distribución escénica de las masas, dando relevancia a la solución de perspectivas dirigidas hacia el bando republicano, de izquierda a derecha. La perspectiva profundiza igualmente desde el primer a último término en línea recta, recortándose en este espacio no sólo el toro ibérico, sino las torres de una antigua fortaleza. Tal espacio es el celeste que se abre a un nuevo amanecer desde el bando nacional y tras el soldado que arenga a las tropas, tal vez símbolo de Francisco Franco. Es significativo, que el amanecer llegue desde el bando que va a resultar vencedor y que la noche todavía no se haya despejado sobre los republicanos. Emplea Maeztu principalmente dar un efecto broncíneo, escultórico, al toro, para insistir en su poder simbólico. Se ha seguido una técnica de manchado a planos con el fin de corporeizar las figuras, forzando la expresión de músculos para caracterizar el tipo racial español, uniendo la técnica de pintura mural al propósito de exaltación.

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